|
El haber
[poesía]
Vinicius de Moraes
>> ver nota en portugués

Queda, por encima de todo, esa capacidad de ternura
Esa intimidad perfecta con el silencio
Queda esa voz íntima pidiendo perdón por todo
¡Perdónalo! porque no tiene la culpa de haber nacido.
Queda ese antiguo respeto por la noche, ese hablar bajo
Esa mano que tantea antes de tener, ese miedo
De herir tocando, esa fuerte mano de hombre
Llena de mansedumbre para todo lo que existe.
Queda esa inmovilidad, esa economía de gestos
Esa inercia cada vez mayor delante del infinito
Esa tontería infantil de querer exprimir lo no exprimible
Esa irreductible negación de la poesía no vivida.
Queda esa comunión con los sonidos, ese sentimiento
De materia en reposo, esa angustia de simultaneidad
De tiempo, esa lenta descomposición poética
En busca de una sola vida, una sola muerte, un solo Vinicius.
Queda ese corazón quemándose como un cirio
En una catedral en ruinas, esa tristeza
Delante de lo cotidiano; o esa súbita alegría
Al oír pasos en la noche que se pierden sin historia.
Queda esa voluntad de llorar delante de la belleza
Esa cólera delante de la injusticia o el mal entendido
Esa inmensa piedad de sí mismo, esa inmensa
Piedad de sí mismo y de su fuerza inútil.
Queda ese sentimiento de infancia súbitamente desentrañado
De pequeños absurdos, esa capacidad
De reírse sin razón, ese ridículo deseo de ser útil
Y ese coraje para comprometerse sin necesidad.
Queda esa distracción, esa disponibilidad, ese vagabundeo
De quien sabe que todo ya fue como será lo que resulte ser
Y al mismo tiempo esa voluntad de servir, esa
Contemporaneidad con el mañana de los que no tienen ayer ni hoy.
Queda esa facultad incoercible de soñar
De cambiar la realidad, dentro de esa incapacidad
De aceptarla como es, y esa visión
Amplia de los acontecimientos, y esa impresionante
E innecesaria presciencia*, y esa memoria anterior
De mundos inexistentes, y ese heroísmo
Estático, y esa pequeñita luz indescifrable
A la que a veces los poetas dan el nombre de esperanza.
Queda el deseo de sentirse igual a todos
De reflejarse en miradas sin curiosidad y sin memoria
Queda esa pobreza intrínseca, esa vanidad
De no querer ser príncipe sino de su propio reino.
Queda ese diálogo cotidiano con la muerte, esa curiosidad
Por el momento a venir, cuando, apresurada
Ella vendrá a entreabrirme la puerta como una vieja amante
Pero retrocederá con sus velos al verme junto a la bien amada…
Queda ese constante esfuerzo por caminar dentro del laberinto
Ese eterno levantarse después de cada caída
Esa búsqueda del equilibrio en el filo de la navaja
Ese terrible coraje frente al gran miedo, y ese miedo
Infantil a tener pequeños corajes.
*presciencia: conocimiento de las cosas futuras
Para escuchar el poema en voz del autor
http://www.youtube.com/watch?v=u6LcZfStlfc
arriba
|